Lucía Rodríguez González

viernes, 26 de agosto de 2011

Desde la cárcel del tiempo (fragmento)

El silencio era agobiante entonces. La atmósfera que reinaba en el pequeño cuartito se había vuelto en apenas unos segundos harto sofocante, y el silencio era tan pesado, tan abrumador, tan absoluto, como para tener la certeza de que algo fuera de lo común estaba sucediendo allí, aunque no lo pudiéramos ver. A la vez, algo en mi interior me impedía articular palabra, aunque sabe Dios que lo que más deseaba en aquellos instantes era precisamente hablar, romper aquella calma fría y cortante, o mejor aún, chillar, agarrar a Mario de la mano y salir junto a él de la habitación inmediatamente. Sin embargo, nada de aquello hice, y no sabría explicar el por qué. Tampoco él fue capaz de nada más que mirarme mientras ambos, respirando entrecortadamente, nos decíamos con la mirada que no deberíamos estar allí.

Fue entonces cuando algo quebró la escarcha invisible que se estaba formando en torno a nosotros. Y no fue otra cosa que el sonido inconfundible de la máquina de escribir al llegar al final de un renglón; ese tintineo que normalmente me habría resultado incluso agradable al oído, y que sin embargo me hizo saltar como movida por un resorte, al igual que a Mario, cuyos ojos pude ver dirigirse con espanto hacia la máquina en cuestión, que, aun reposando en total soledad sobre el viejo escritorio, se recolocó al principio del siguiente renglón, como si alguien la hubiera golpeado levemente para obligarla a ello y poder continuar escribiendo. Aquello claramente era más de lo que mi mente, ya exaltada antes de haber visto semejante cosa, podía soportar.

Pero, como siempre, fue él quien sacó ese maravilloso valor suyo que tantas veces nos ha sacado a flote a los dos, y lo digo con toda la intención, pues así me sentí exactamente en aquella ocasión; como si, al cogerme del antebrazo y guiarme hacia la puerta, hubiera tirado de mí hacia la superficie haciéndome emerger de un pozo o de un lago helado. Ciertamente la inercia de aquella habitación siempre ejerció mucha menos fuerza sobre él que sobre mí, que me sumergía antes de darme cuenta en una especie de sueño extraño del que luego no me resultaba tan sencillo escapar. Me apresaba, sí, eso era, algo de aquel lugar me hacía presa dentro de mí misma… aunque, por supuesto, nosotros aún no éramos plenamente conscientes de aquello.

sábado, 30 de julio de 2011

De cuentos

-          Surgen solos, sin pensarlo.
-          ¿En serio? Es difícil de concebir. ¿Cómo pueden nacer por sí solos, inventarse a sí mismos?
-          Bueno… no lo sé. Tampoco estoy segura de que sea exactamente eso. No… la verdad es que cuesta imaginarse que puedan aparecer sin más de la nada.
-          ¿Entonces? Creí que era eso lo que estabas diciendo.
-          No, no… verás, simplemente, están ahí. Están ahí, en mi cabeza, en la tuya, en la de cualquiera que piense en ellos, incluso… claro, ¿por qué no?, también en las de aquéllos que ya no piensan, o que nunca lo han hecho, o que nunca tuvieron la suficiente imaginación. Pero existen, los cuentos están ahí, es como su limbo, ¿entiendes?, esperando a que alguien les dé forma, los cuente o los escriba, o ambas cosas. Y entonces es cuando realmente nacen.
-          Así que es… ¿como un río, por ejemplo?
-          ¿Un río? Sí… sí, es un buen paralelismo. Un río que siempre está ahí, fluyendo, hasta que alguien se acerca a la orilla con un vaso y se atreve a coger de él un poco de agua y beberla.
-          Eso es muy romántico. Muy becqueriano.
-          Probablemente lo sea.
-          Nunca me había parecida lógica esa idea. Nunca había podido creérmelo.
-          Ya. Ni yo tampoco. Bueno… hasta ahora, claro.


martes, 26 de julio de 2011

Las arenas del tiempo

Una por otra. Día tras día. Un disgusto, una carcajada. Y la vida siempre, siempre continúa.

No importa lo que pase; lo escalofriante o lo maravilloso que sea un acontecimiento, que le ocurra a una sola persona o a millones de ellas, el ruido que haga, el silencio que deje, las lágrimas o las sonrisas que nos cueste. Porque todo sin excepción seguirá el curso del tiempo, y empiezo a creer que sus aguas son capaces de arrastrarlo todo, o al menos sí de erosionarlo.

¿Triste? Bueno... lo dudo. No siempre es triste olvidar. Y nunca lo es recibir las cosas nuevas, ya buenas o malas, si nos empeñamos, como buenos seres humanos que somos, en clasificarlas de ese modo. Simplemente es así. Y seguramente lo sea por algo.

Una por otra. Día tras día.

Aunque sea conveniente tener presente también el pasado [ :) ], la vida es demasiado emocionante como para pasársela contemplando huellas.

Un disgusto, una carcajada.

Y tengo que decir que a lo largo del día son muchas, muchísimas más las carcajadas que los disgustos.
Hace un par de días me desperté a mí misma riéndome en sueños.

Y la vida siempre, siempre continúa.



<< The sands of time were eroded by the river of constant change >> (Genesis, Firth of Fifth)

miércoles, 22 de junio de 2011

Libre.

Creo que hacía más de un año y medio que no me sentía así al pasear por Salamanca en una noche de verano. Con esta paz, con esta alegría, con este alivio.

Lo único que lamento es haberme dado cuenta ahora. Pero es igual. Ningún tiempo es del todo perdido. Al fin he vuelto a donde empecé esta etapa de mi vida, y he descubierto que vuelvo a sentirme igual de bien, igual de viva, de inexperta, de ansiosa por redescubrirlo todo de nuevo. Incluso mejor todavía, pues ahora tengo a muchas más almas a las que querer.
Esta noche he buscado entre las luces y las sombras de la ciudad algún rastro de rencor, incluso de auténtica tristeza, de esa melancolía lúgubre, pesada, que me ha dejado como  huella esta sonrisa gris en la cara durante tantos meses. Y no lo he encontrado.

Lo único que veo ahora es todo lo que viene. Y es vida. Lo que aún no conozco. Lo mejor todavía no ha llegado. Como cuando llegué por primera vez a tierras salmantinas para quedarme.

Me he sentido muy joven. Era esto, solo esto, lo que tenía que pasar.

Soy libre. Y mejor aún. Soy feliz.

viernes, 17 de junio de 2011

Parábola


Érase de un marinero que hizo un jardín junto al mar,
y se metió a jardinero.

Estaba el jardín en flor, y el marinero se fue
por esos mares de Dios.



(Antonio Machado)

viernes, 6 de mayo de 2011

Pido la Paz y la Palabra (Blas de Otero)

Escribo
en defensa del hombre y su justicia. Pido
la paz
y la palabra. He dicho
«silencio»,
«sombra»,
«vacío»
etcétera.
Digo
«del hombre y su justicia»,
«océano pacífico»,
lo que me dejan.
Pido
la paz y la palabra.

miércoles, 13 de abril de 2011

Palabras de Caramelo, a un amigo

del que me acuerdo cada vez que el título de las cosas que escribo es la primera frase de las mismas.

Un amigo al que conocí hace ocho años, gracias a un libro muy dulce (y no sólo por el título),
un cuento precioso que hablaba del desierto y sus gentes, de un niño poeta, del Sol y la Luna, de camellos. De camellos color caramelo. : )

Pues sí, un amigo; un amigo a través de los libros y del tiempo.



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